Pensar más en uno mismo, potenciar la autoestima… Las claves para superar la dependencia emocional

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Fotograma de 'La flor de mi secreto' de Pedro Almodóvar
EL DESEO

Por naturaleza, el ser humano tiende a vincularse con otras personas de manera afectiva. Nos pasa desde que nacemos, el primer vínculo emocional se establece con los padres… Pasado el tiempo, los lazos afectivos se estrechan con una pareja pero, muchas veces, lo que debería ser una relación de amor equitativa y sana se acaba convirtiendo en otra bien distinta, donde prima la dependencia emocional.

Pedro Almodóvar, por ejemplo, lo reflejó muy bien en una de sus películas: La flor de mi secreto, donde su protagonista Leo (Marisa Paredes) establece una relación de lo más tóxica con su esposo Paco (Imanol Arias). La madre de Leo (Chus Lampreave) lo resume con una frase: “Ay, que pena, hija mía! ¡Tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!”. Y es que la vida de Leo es la de tantos y tantos hombres y mujeres con dependencia emocional: personas que solo se sienten bien y seguras en pareja, con una necesidad de afectos tan desmesurada que nunca parece satisfecha y con un miedo atroz a perder al compañero y, por extensión, a la soledad. Gente que no es capaz de ser feliz consigo misma, que se provoca (y provoca en el otro) todo tipo de efectos nocivos y que tiende, por regla general, a vivir en un estado constante de ansiedad.

¿Cuáles son las causas de la dependencia emocional?

Los especialistas hablan de dos causas fundamentales para desarrollar la dependencia emocional:

Por un lado, estaría el aprendizaje, es decir, cómo hemos desarrollado a lo largo de nuestra vida – sobre todo en la primera infancia- los patrones de apego con los demás. Cuando la persona se siente querida y tiene seguridad en el cariño de sus personas cercanas, las relaciones suelen ser sanas y no necesitará demostrárselo constantemente. Si por el contrario, la persona no percibe seguridad en el cariño de sus figuras de apego, mostrará inseguridad, tendrá necesidad de afecto constante y desarrollará un apego excesivo. Por otro lado, si desde la infancia no se nos ha enseñado a tolerar el sufrimiento nos resultará más difícil abandonar a quien nos haga daño, por miedo a los cambios o a la soledad.

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Otra causa sería la falta de autoestima, o lo que es lo mismo, que la imagen que tenemos de nosotros mismos dependa única y exclusivamente de los que los demás opinen y valoren de nosotros o de lo que nos quieran. Si esto ocurre en una relación de pareja seremos completamente dependientes del otro, ya que necesitaremos siempre que nos dé la seguridad que nosotros mismos no poseemos.

¿Qué señales pueden indicarnos que sufrimos dependencia emocional?

Estas son algunas de las más frecuentes y características:

– Baja autoestima.

– Necesidad constante de afecto.

– No dar prioridad a las propias necesidades, aficiones y/o familia, anteponiendo siempre los deseos del otro.

– Al mismo tiempo, una necesidad exagerada de agradar siempre a la pareja y sentimiento de culpabilidad si no se logra contentarle.

– Tendencia a repetir los mismos patrones en una relación de pareja: no equilibradas, dependientes, en las que se adopta un papel sumiso y donde se tiende a aceptar chantajes emocionales.

– Nula o escasísima actividad fuera de la pareja: aficiones, estudios, amigos, carrera laboral…

– Incapacidad para estar solo.

– Pensar que no se puede vivir sin el otro, que nuestra felicidad depende exclusivamente de estar con él y a idealizarle de una forma exagerada. Por supuesto, también los celos patológicos.

– Ser incapaz de poner punto y final a las relaciones de pareja.

– Mostrar problemas de ansiedad o depresión ante una ruptura o ante la simple idea de que ésta pueda producirse en cualquier momento.

– Especie de síndrome de abstinencia tras la ruptura: inseguridad, molestias físicas, miedo al futuro, desgana…

– Tendencia a encadenar relaciones, unas detrás de otras, para cubrir las necesidades afectivas.

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¿Se puede superar?

Superar la dependencia emocional es posible. Los especialistas recomiendan tener en cuenta estas claves:

El primer paso es también el más complicado: reconocer y aceptar el problema, buscar las raíces que lo han generado y ver en qué nos está perjudicando a nosotros y también a la pareja. A partir de ahí se estará preparado para iniciar el cambio.

Intentar pensar en uno mismo. Aprender a diferenciar entre las cosas que nos gustan y con las que disfrutamos y aquellas que hacemos solo por satisfacer al otro. Puede ser de gran ayuda confeccionar una lista de propósitos y ponerse como meta cumplir uno o algunos cada día o cada semana.

Quererse más. Romper la dependencia empieza por quererse más a uno mismo y reforzar nuestra autoestima. Hay que tener en cuenta tres puntos: no se puede forzar a nadie a querernos, no siempre nos quieren como a nosotros nos gustaría y tampoco es necesario el amor de los demás, basta con el de uno mismo.

Potenciar el desarrollo personal y la vida social sin la pareja – cursos, actividades deportivas… – y los momentos de soledad y para uno mismo. Es la manera de aprender que hay vida más allá de ella.

Hablar con la pareja. Para éste y cualquier otro problema la comunicación con el otro es fundamental. Conviene contarle lo que nos está pasando y las decisiones que hemos tomado para cambiar. Su comprensión formará parte de la recuperación.

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