La importancia del nervio vago para sentirnos bien

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Un hombre relajado en su sofá con su tablet.
Destaca su papel en el sistema nervioso autónomo, que controla las funciones corporales involuntaria.
GTRES

Bajo este curioso nombre, se esconde uno de los nervios más importantes y complejos de nuestro organismo, con funciones, no sólo indispensables para el buen funcionamiento de nuestro organismo, sino también para nuestro bienestar, tanto físico como anímico.

El nervio vago, también conocido como nervio neumogástrico, es el décimo de los doces pares de nervios craneales que tenemos y tenemos uno a la derecha y otro a la izquierda. Nace en el bulbo raquídeo y se extiende y conecta la faringe, el esófago, la laringe, la tráquea, los bronquios, el corazón, el estómago, el páncreas y el hígado, y otras vísceras, como los riñones y los intestinos.

Su importancia en la salud física y mental

La importancia de este nervio en nuestro organismo se debe a sus funciones, entre las que destaca su papel en el sistema nervioso autónomo, que controla las funciones corporales involuntarias, como la frecuencia cardíaca, la respiración, la digestión o el funcionamiento del sistema urinario. El buen funcionamiento de estos órganos, es, sin duda, indispensable para tener una buena salud física.

Pero, además, su funcionamiento también afecta de manera directa a nuestra salud mental, pues es el conducto principal del sistema nervioso parasimpático, encargado, entre otras cosas, de preparar al cuerpo para el descanso, es decir, de mantener la calma y mantener, por tanto, a raya el estrés y la ansiedad. Esto se debe a que mantiene la frecuencia cardiaca y la tensión arterial bajas, un patrón respiratorio más calmado y una actividad cerebral con menor excitación. De esta manera, se controlan también algunos neurotransmisores, como norepinefrina y acetilcolina, y se contribuye a la reducción de la inflamación y al fortalecimiento de las defensas frente al estrés. Algunos científicos sugieren también que tiene alguna relación con los receptores de oxitocina, llamada ‘hormona del amor’ porque, entre otras cosas, favorece la confianza y los vínculos positivos.

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Qué pasa cuando falla

El nervio vago puede funcionar incorrectamente por varios motivos, como tumores, traumatismos, daños en el encéfalo, enfermedades neurodegenerativas, autoinmunes, diabetes mellitus… Las consecuencias de este mal funcionamiento es un tono vagal bajo, lo que puede traducirse en todo tipo de dolencias, desde leves hasta más graves, como dificultad para tragar, migrañas, ronquera, retención de líquidos, desórdenes digestivos, presión arterial alta, artritis, epilepsia… y otras de tipo psicológico o psiquiátrico, como ansiedad, estrés, depresión, tendencia a adicciones… y un largo etcétera.

En cambio, un tono vagal alto, es decir, el buen funcionamiento de este nervio, se relaciona con las emociones positivas y buena salud física.

Qué es la estimulación del nervio vago y en qué puede ayudar

Puesto que, a mayor tono del nervio vago, mayores posibilidades de disfrutar de una buena salud mental y física, merece la pena intentar que este en las mejores condiciones. Para conseguirlo, se aconseja la relajación a través de técnicas como la respiración profunda, la meditación, el yoga… e incluso cantar, hacerse un masaje o pasar a menudo tiempo con personas que te hagan sentir bien.

La estimulación del nervio vago (ENV) es una técnica para activar las neuronas mediante electroestimulación y subir, así el tono vagal.
Wikipedia

Cuando existe una patología que se sospecha que podría estar relacionada con un bajo tono vagal, se puede llevar a cabo lo que se conoce como estimulación del nervio vago (ENV), una técnica para activar las neuronas mediante electroestimulación. Esto se hace a través de un dispositivo que puede implantarse quirúrgicamente o de forma externa. Este tratamiento se recomienda en algunos casos de epilepsia, depresión crónica y difícil de tratar o pacientes con convulsiones que no responden a otro tipo de tratamientos.

Además, en los últimos años, se está investigando esta técnica como posible tratamiento de otras dolencias y patologías, como cefaleas, artritis reumatoide, enfermedad inflamatoria intestinal, trastorno bipolar, obesidad o alzhéimer, pero todavía no hay pruebas concluyentes de su eficacia.

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