Leer en verano, Mares y mares de libros

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Y, finalmente, después de un período de esfuerzo, concentración y trabajo, llegan las ansiadas y merecidas vacaciones. Verano, playa, mar, amigos, pero, sobre todo, momentos de desconexión y ocio.

Las vacaciones nos brindan la oportunidad perfecta para rescatar ese libro que tenemos apuntado en nuestra “lista de espera” de lectura, para animarnos con la última historia que nos han recomendado o, quizás, para armarse de valor con ese título que se nos ha resistido durante todo el año. Porque, aunque se trate del verano, una época en la que apetece levedad y entretenimiento, un buen libro en la maleta sigue siendo el mayor y mejor compañero de viaje.

Cuatro amigos

“Öla canción del verano es siempre la peor canción del año; el amor del verano un subgénero del amor. Hablan de lecturas de verano, noches de verano, bebidas de verano y con ello queda implícito un sutil desprecio”. Con esta frase termina el primer capítulo de la novela “Cuatro amigos” del escritor y cineasta español David Trueba: un ataque a la futilidad y escasez de hondura del verano dentro de una historia que transcurre, valga la redundancia, en pleno verano español. Solo, sobrenombre del protagonista, es un chico de veintisiete años que decide irse en una furgoneta alquilada con sus tres mejores amigos a recorrer los pueblos de España, con la única finalidad de olvidar a Lucía, la chica que le ha dejado por otro y de la que, se descubre, más prendado que una polilla a la luz. Una historia llena de humor, para todas las edades, que tiene a la soledad, la ansiedad frente al futuro, y el doloroso camino hacia la adultez, como temas principales.

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Betibú

“Hitchcock es una mujer que vive en Buenos Aires”, dice la crítica literaria internacional sobre la argentina Claudia Piñeiro, una escritora con la admirable habilidad de construir tramas de suspenso sin descuidar la construcción y visibilidad de los personajes. Betibú, apodo de la protagonista por su parecido físico con el personaje (Betty Boop) de los dibujos animados, centra su historia en la investigación de un asesinato con tres pintorescos detectives: una escritora de novela negra, un joven e inexperto periodista, y un jefe de policía retirado. Más allá del interesante argumento, Claudia Piñeiro habla de amor, de venganza, de amistad, del paso del tiempo, asuntos entremezclados con las singularidades en la política y las estructuras de poder en Argentina.

El gran Gatsby

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“Un centenar de pares de zapatos de plata y oro levantaban un polvo luminoso”, así describe el autor estadounidense Scott Fitzgerald las fabulosas fiestas que realizaba el personaje principal de su historia, Jay Gatsby, durante los famosos “locos años veinte” americanos, también llamados “la era del jazz”. “El gran Gatsby” es un clásico que invita a ser releído por la belleza de sus descripciones, por la hondura de sus personajes, y por la crítica a la sociedad estadounidense de entreguerras. Fitzgerald describe sin tapujos un mundo que le resultaba conocido: la crisis de valores, las desigualdades sociales, el “gansterismo”, sin dejar de lado que continúa siendo, y será, una intensa historia de amor.

Ojos azules

Tony Morrison reproduce en los ritmos y cadencias de su prosa la musicalidad particular del habla de los afroamericanos. En sus novelas se oye el eco de la tradición oral de esa minoría. Sus relatos se sitúan tanto en Harlem como en una comunidad negra en Ohio o Kentucky llevando a la literatura las voces de las personas más silenciadas de esa comunidad con el propósito de liberar el color negro a través de la palabra. Y lo logra en esta su primera novela escrita en 1970 a sus cuarenta años. Situada en 1941, los personajes centrales son negros y pobres. Pecola, la protagonista, pertenece a una familia de la más baja escala social que además de negros, pobres y marginados, se creían feos. Representa los sueños truncados y las esperanzas de salir adelante de una niña condenada por su color, fealdad y pertenencia a una clase social desfavorecida. A los once años descubre a Shirley Temple, canon de la belleza infantil de la época, y decide que quiere tener los ojos azules como ella, una salida intuitiva y dolorosa para escapar de la mugre, inferioridad y de la discriminación. Una historia en donde no hay inocentes (salvo Pecola), ni culpables y menos un final feliz.

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