Me hizo sexo oral y me grabo, la historia de un feminicida en Argentina

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“Me ofreció sexo oral, me grabó a escondidas y me extorsionó. Lo que pasó después fue un accidente”. Con estas palabras, casi sin inmutarse, Cristian Daniel Vargas le relató al juez Fernando Verón cómo le clavó un cuchillo en la garganta a Antonella Bernhardt, de 27 años, el jueves pasado en un departamento del barrio El Brete de Posadas, Misiones, la vivienda que Antonella alquilaba.

El hecho fue insólito, con un elemento particular de cinismo: Vargas fue filmado por vecinos mientras salía del lugar del crimen, minutos antes de que el cadáver de la joven fuese encontrado. Viviana González, la dueña del edificio, llamaba a Antonella, sin respuesta. En el video, se ve cómo la mujer comienza a llamar a Antonella y en lugar de la joven sale un hombre. El sospechoso, muy tranquilo, le dice que solo habían discutido y se asoma al departamento mientras finge conversar con la víctima. “Ya me voy a casa”, dice Vargas al alejarse.

La gran duda que intenta despejar por estas horas el juez Verón tiene que ver con la relación que unía a Vargas con Bernhardt. ¿Qué hacía el hombre en el departamento de la víctima? La Justicia misionera, por lo pronto, cree que eran amantes.

Sin embargo el acusado niega rotundamente la relación y asegura que estaba ahí porque estaba haciendo “un book de fotos eróticas con Antonella” y que solo se trataban de manera profesional. Poder determinar el vínculo es fundamental, porque de comprobarse una relación la condena que podría recibir llegaría hasta la perpetua dado el agravante del vínculo en el femicidio.

 

Luego de que Vargas se fue, los vecinos ingresaron a la casa y se encontraron con una imagen aterradora: el cadáver de Antonella estaba boca arriba en su dormitorio, al lado de la cama, sobre un extenso charco de sangre. Cuando los efectivos de Policía Científica de la fuerza provincial llegaron, notaron que la chica oriunda de Oberá tenía un profundo corte en la parte izquierda del cuello: se había desangrado casi por completo.

Mientras estos análisis se hacían, otra división de la fuerza misionera buscaba a Vargas. Fue detenido poco menos de una hora después mientras salía de un terreno baldío de la zona. Ya no tenía la misma remera roja que se veía en el video.

Hasta el momento, nadie de su familia pudo declarar en el expediente a cargo del juez Verón. “Están todos en un shock muy fuerte. Sobre todo su madre y su hermana gemela. Están extremadamente afectadas”, señala un allegado a la familia. Para hoy se espera que puedan dar su testimonio dos de las mejores amigas de la joven.

El sábado último por la mañana, Vargas fue trasladado desde la

Vargas aseguró: “Todo comenzó cuando yo publiqué en Facebook que sorteaba una sesión de fotos en lencería. Me escribieron muchas personas. Una de ellas fue Antonella. Acordamos un lugar, que era en el departamento de ella. Me pasó la dirección por WhatsApp. Antes de llegar le mandé un mensaje pero se me apagó el teléfono porque me quede sin batería. Llegue a la casa, ella me abrió y ya tenía preparado el mate y las galletitas dulces. Estuvimos primero charlando y tomando mate . Volví y empezamos a hacer las fotos”.

Antonella Bernhardt, asesinada en el barrio El Brete

Antonella Bernhardt, asesinada en el barrio El Brete

“Comenzamos con diferentes clases de vestidos, en tonos blancos y negros. Después fuimos por lencería y finalmente al desnudo. Por cada sesión yo le daba mil pesos. Cuando terminamos el book nos pusimos a picar hielo para el tereré. La sesión la habíamos hecho en el dormitorio de ella, por eso había dejado todas mis cosas ahí. Ella se había quedado sólo con una tanga blanca”.

Allí, dice el presunto femicida, quien sería su víctima le propuso practicarle sexo oral.

“Me sorprendí porque jamás tuvimos sexo ni mensajes cariñosos. Pero yo acepté. Minutos ante ella estaba con su teléfono porque el novio es marino y estaba hablando con él.Cuanto terminó de hacerme sexo oral fuimos a la habitación a tener sexo y ahí es cuando me dice que tiene el video y me empieza a extorsionar“, continuó Vargas frente a las autoridades judiciales.

Su narración se volvía metódica, meditada. Cada palabra era dicha con cuidado. La culpa del crimen, en su insólito testimonio, siempre sería de Antonella.

La escena cambió rápidamente. Vargas narró cómo comenzaron a discutir y a violentarse físicamente: “Me dijo que tenía el número de mi mujer y que le iba a mandar el video. Me pidió más plata además de los mil pesos que iba a darle. Sin preguntarle cuánto, le dije que sí. Ahí se dio el primer forcejeo. Yo quería sacarle el celular para borrar el video, pero no sabía el patrón de desbloqueo”.

 

“En un momento las cosas se calmaron. Fuimos a la habitación porque yo había ido a buscar todo mi material de trabajo que había quedado sobre la cama. Ella seguía riéndose y diciéndome que tenía el video. Volvimos a discutir pero yo ya había visto cómo desbloquear el celular. Logré sacárselo. Y ella fue a buscar el cuchillo, tipo serrucho, con el que estábamos picando hielo. Yo le pedía que dejara el cuchillo y que si lo hacía le devolvía el teléfono. Finalmente lo apoyó en la cama. Pero le dije que igualmente me iba a llevar el teléfono o lo iba a romper pero que ese video nunca se iba a mostrar. Ahí es cuando ella se me viene encima de nuevo”.

Cuando llegó a este punto de la declaración el hombre se detuvo. Estuvo en silencio casi un minuto. Pensó qué iba a decir y cómo. De esta manera relató el momento en el que apuñaló en el cuello a Antonella:

“Cuando se me viene encima le doy dos ‘tapes’ con mi mano derecha porque estaba gritando mucho. Ella se cae al piso. Cuando se paró agarró el cuchillo y se vino directamente contra mí y ahí fue cuando pasó. Yo le quiero sacar el cuchillo y la traigo hacia mí con fuerza. Cuando la traigo yo freno y le entra el cuchillo en la parte izquierda. Cuando ella se cae lo hace con el cuchillo en la garganta. Yo se lo saco, la doy vuelta y la pongo de costado porque no quería que se ahogue con su propia sangre. Ahí es cuando llega la mujer (González, la propietaria) y golpea la puerta”.

Luego, huyó del lugar. Vargas afirmó que fue él mismo quien se terminó entregando a la policía: “Cuando salí del lugar me fui a la primera esquina. Me quedé ahí. Cuando empezaron a venir todos los patrulleros me fui a la segunda esquina. Me senté entre dos autos. Yo me pude haber ido pero me quedé. Yo me pude haber ido a mi casa o haberme ido a Brasil donde tengo residencia. Tenía cómo irme, pero me acerqué hasta los policías y les dije que yo era la persona a la que estaban buscando”.

Una fuente con acceso a la causa aseguró a Infobae que la versión que cuenta el hombre parece inverosímil. Según los investigadores, por el tipo de herida y la forma en la cual se clavó el cuchillo resulta casi imposible que sea la víctima quien tenía el cuchillo en la mano como relata el acusado. En definitiva, con las pruebas que hay, la Justicia cree que Vargas miente.

Además del corte en el cuello, hay otros pasajes de la declaración que hacen dudar a los detectives. Por ejemplo, el hecho de que nunca se encontraron los mil pesos que supuestamente le iba a pagar a Antonella por la sesión de fotos. La sospecha más fuerte que hay en el juzgado que investiga los hechos tiene que ver con que en realidad no había una relación laboral entre ambos sino sentimental. Concretamente, habrían sido amantes.

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Además de realizar su relato de lo que sucedió, Vargas aceptó preguntas. El juez Verón le consultó por qué al momento de ser detenido él tenía el teléfono de la víctima encima. Nuevamente la respuesta giró en torno al video: “Me lo llevé para borrarlo. Pero como cada aplicación tenía un patrón distinto, no pude hacerlo. Entonces ingresé a la configuración y lo restablecí de fábrica“.

El teléfono de Antonella fue peritado y a pesar de que, efectivamente, todos los contenidos estaban borrados, la Secretaría de Apoyo para las Investigaciones Complejas (SAIC) logró recuperar el 85% del contenido, suficiente para que los investigadores puedan revisar fotos, videos y mensajes para comprobar o descartar un vínculo amoroso. También para saber si el relato de Vargas es real o un invento. Lo cierto es que, por ahora, la Justicia no le cree.

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